Las tres muñecas de porcelana

Título: Las Tres Muñecas De Porcelana.




Acto 1 – El comienzo de la magia 
 
ESCENA 1: LA RUTINA DE EMILIA
 
Exterior. Barrio residencial. Mañana.
 
Emilia camina por la acera, su mochila colgando de un hombro. Su cabello oscuro le enmarca el rostro, y los auriculares la aíslan del bullicio urbano. Pasa inadvertida entre los transeúntes.  A lo lejos, se escuchan risas infantiles. Emilia mantiene la mirada baja.
 
Interior. Escuela secundaria. Aula de teatro.
 
La profesora anuncia las audiciones para la obra anual: Romeo y Julieta. Emilia anota la fecha en su cuaderno, con una mezcla de anhelo y aprensión.  Sueña con actuar, pero la idea de hablar en público le provoca una profunda incomodidad.
 
ESCENA 2: EL JARDÍN ENCANTADO
 
Exterior. Teatro antiguo. Tarde.
 
Tras las clases, Emilia se refugia en el antiguo teatro de la ciudad.  Aunque el edificio está cerrado, el jardín frontal es accesible. Allí, entre rosales descuidados y mármol agrietado, tres estatuas de porcelana se yerguen sobre sus pedestales.
 
—Hola de nuevo… —susurra Emilia, depositando su mochila sobre el césped.
 
Las estatuas representan a tres bailarinas, cada una con una pose distintiva:
 
- Sol: Brazos extendidos hacia el cielo.
 
- Brisa:  Una postura delicada, con la cabeza inclinada.
 
- Lía:  Una sonrisa serena y eterna.
 
Emilia saca su libreta y ensaya sus parlamentos, murmurando las palabras como si las compartiera con las estatuas. En este lugar, encuentra refugio y seguridad.
 
ESCENA 3: LA AUDICIÓN
 
Interior. Teatro escolar. Día siguiente.
 
Emilia se encuentra tras bambalinas, escuchando los nombres de los participantes. Max, el estudiante más popular del colegio, interpreta su papel con desenvoltura. Emilia lo observa con admiración y un creciente temor.
 
Cuando llega su turno, se paraliza.  Mira al público: profesores y alumnos.  La respiración se le corta.  Tartamudea unas pocas palabras. El guion se le cae de las manos. El silencio es abrumador.
 
Huye del teatro, presa de la ansiedad.
 
ESCENA 4: LA CONFESIÓN
 
Exterior. Jardín del viejo teatro. Atardecer.
 
Emilia llega al jardín, agitada y desconsolada. Se arrodilla frente a las estatuas. El cielo se oscurece.
 
—¿Por qué no puedo? ¿Qué me falta? Ustedes parecen tan fuertes, tan hermosas… Desearía ser como ustedes, aunque fuera solo una vez.
 
Las lágrimas corren por sus mejillas. El viento sopla con inusual intensidad. Las luces del teatro parpadean. Una mariposa blanca se posa sobre una de las estatuas.
 
ESCENA 5: EL DESPERTAR DE LAS MUÑECAS DE PORCELANA 
 
Noche. Jardín del teatro.
 
Mientras Emilia duerme en el césped, exhausta, una suave luz emana de las estatuas. Una melodía lejana, como la de una caja de música antigua, llena el aire.
 
La porcelana se agrieta… pero no se rompe. De su interior, como mariposas emergiendo de un capullo, surgen tres jóvenes de carne y hueso. Sus rostros son idénticos a las estatuas, pero sus ojos brillan con vida.
 
- Sol: Rubia, con una mirada cálida y segura. Contempla la ciudad con asombro.
 
- Brisa: De cabello castaño claro, etérea y dulce. Toca las flores con delicadeza.
 
- Lía: De cabello oscuro, risueña y curiosa. Se agacha junto a Emilia.
 
—¿Quién es ella? —pregunta Lía.
 
—No lo sé… pero siento que debemos ayudarla —responde Sol.
 
Las tres se toman de las manos. Emilia despierta y ve a las tres figuras a su alrededor.
 
—¿Qué…? ¿Estoy soñando?
 
Brisa sonríe.
 
—No lo sabemos. Pero tú nos llamaste… y aquí estamos.
 

Fin del Acto 1.


Acto 2 – Escena 1 Un Mundo de Carne y Sueños

Exterior – Jardín del Teatro – Noche

La luna baña el jardín con una luz tenue y mágica.

Emilia, aún temblorosa, mira a su alrededor. El teatro está silencioso. La noche es cómplice de su asombro.

EMILIA
(voz entrecortada)
¿Son... reales? ¿Cómo...?
(una pausa)
¡Esto es una locura! Si alguien las ve... si alguien se entera...

SOL
(mirando sus manos humanas)
¿No deberíamos estar aquí?

EMILIA
(suspira profundamente)
El jardín es del teatro. Si notan que las estatuas desaparecieron, llamarán a la policía o... o algo peor. Tienen que esconderse.

BRISA
¿Dónde podríamos ir?

EMILIA
(mirándolas con determinación)
A casa. Mi casa. El ático... es viejo, polvoriento, pero nadie sube ahí. Estarán seguras.

(mira a las tres)
Pero deben prometerme que no saldrán sin mi permiso. Nadie puede saber lo que son.

Las tres asienten, aún deslumbradas por el mundo que las rodea.


 Interior – Ático de la casa de Emilia – Más tarde esa noche

El ático está lleno de cajas, libros viejos y objetos olvidados. Emilia abre la puerta con una linterna y les muestra el lugar.

EMILIA
(sonríe nerviosa)
No es el palacio de un cuento, pero es lo mejor que tengo.

SOL
(con una mirada tierna)
Gracias, Emilia. De verdad.

LÍA
(riendo mientras se quita los zapatos de porcelana)
¡Me pican los pies! ¿Esto es normal en los humanos?

BRISA
(mirando por una ventanita)
Las estrellas se ven distintas desde aquí...

Las tres muñecas, ahora humanas, se acomodan en el ático mientras Emilia se sienta en una vieja silla, aún asimilando lo que está ocurriendo.

EMILIA
(voz baja, como para sí misma)
¿Qué he hecho?


 
ESCENA 2: EL SECRETO DEL ÁTICO
 
Interior. Casa de Emilia. Ático. Mañana.
 
Las tres figuras, ahora humanas, observan con fascinación su entorno. Emilia las ha ocultado en el ático, cubriéndolas con mantas cuando la casa está vacía. Les proporciona ropa común: jeans, suéteres, mochilas. Las tres se visten con torpeza y alegría, aún asimilando las costumbres del mundo moderno.
 
Sol elige prendas blancas y elegantes, casi etéreas. Brisa prefiere tonos pastel, con lazos y cintas. Lía opta por jeans desgastados y camisetas estampadas, divertida ante la novedad de todo.
 
ESCENA 3: LOS PASILLOS DE LA ESCUELA
 
Exterior. Escuela. Entrada. Día.
 
Emilia llega a la escuela con renovada energía. Cree que las figuras permanecen en el ático… o eso piensa.
 
Interior. Escuela. Pasillos.
 
En secreto, Sol, Brisa y Lía la siguen. Se han escapado del ático y se mezclan entre los estudiantes, observando todo con la curiosidad infantil: los teléfonos móviles, las taquillas, las mochilas con ruedas.
 
En un pasillo, Emilia se cruza con Max, quien le sonríe.
 
—Hola, Emilia. No te vi en la lista de ensayos. ¿Todo bien?
 
Emilia se ruboriza, intenta responder, pero se queda sin hablar. Max se aleja con una sonrisa amable, sin mostrar burla.
 
Las figuras observan la escena desde la distancia. Sol suspira.
 
—¿Él es Romeo?
 
 
ESCENA 4: NUEVAS AMISTADES
 
Interior. Ático. Tarde.
 
Las figuras enseñan a Emilia a respirar con el ritmo de la danza, a mantener una postura elegante, a proyectar su voz sin gritar. Cada una aporta su conocimiento:
 
- Sol le enseña presencia escénica y confianza.
 
- Brisa le ayuda a controlar sus emociones.
 
- Lía transforma sus miedos en un juego: “Cada miedo es un papel, ¡inténtalo!”.
 
Gradualmente, Emilia se libera de sus inhibiciones. Ya no ensaya a escondidas. Ríe, juega, baila.
 
ESCENA 5: LOS ENSAYOS DE ROMEO Y JULIETA
 
Interior. Auditorio escolar. Ensayos.
 
Los estudiantes ensayan escenas de Romeo y Julieta. Emilia observa desde lejos. Max ensaya su papel. Su Julieta actual parece distante.
 
Las figuras convencen a Emilia para que vuelva a intentarlo. Dudosa, se inscribe. En secreto, las figuras modifican ligeramente el guion para hacerlo más romántico, más mágico.
 
ESCENA 6: ENTRE ENSAYOS Y SUSPIROS
 
Montaje musical. Diferentes lugares.
 
Emilia ensaya en el jardín, con Brisa guiándola como una coreógrafa invisible. Sol observa a Max, quien la mira con admiración. Lía lee sobre teatro y Romeo y Julieta en la biblioteca.
 
ESCENA 7: UN NUEVO CONFLICTO
 
Interior. Escuela. Comedor.
 
Durante el almuerzo, Max se sienta junto a Emilia. Ella se sorprende. Él le pregunta si quiere ensayar juntos. En ese momento, Sol aparece casualmente. Max la mira, embelesado.
 
Sol siente una emoción desconocida… ¿celos?
 
Esa noche, en el ático, Emilia pregunta si alguna vez estuvieron enamoradas. Ninguna sabe qué responder. Sol está inquieta, su mirada perdida en el cielo.
 
ESCENA 8: LA REVELACIÓN
 
Exterior. Teatro viejo. Noche.
 
La policía y la prensa descubren la desaparición de las estatuas. Un escándalo sacude la ciudad. Se habla de robo, de arte perdido, incluso de maldición.
 
Emilia se alarma. Sabe que no puede ocultarlas por mucho tiempo.
 
Las figuras también comienzan a sentir cambios. El mundo humano las afecta. Brisa tiene fiebre, Lía se cansa con facilidad, y Sol… Sol sueña con un lugar oscuro y una música lejana que no reconoce.
 
FIN DEL ACTO 2


Acto 3 – El Susurro del Espejo
 
ESCENA 1: CAMBIOS IMPERCEPTIBLES
 
Interior. Ático. Amanecer.
 
La luz del amanecer ilumina el rostro de Sol, quien se observa en un espejo antiguo.  Examina su rostro, su cabello dorado. Sonríe.  Cierra los ojos… y en su reflejo, fugazmente, aparece su rostro de porcelana.
 
—¿Qué soy ahora? —susurra.
 
Brisa y Lía duermen. Emilia practica su texto con una nueva determinación. Ya no es la niña tímida.
 
Pero Sol no está segura de querer abandonar esta nueva realidad.
 
ESCENA 2: EL GUARDIÁN DE LO MÁGICO
 
Exterior. Teatro viejo. Noche.
 
Un hombre de traje oscuro, ojos hundidos y paso silencioso, recorre los restos del jardín. Observa los pedestales vacíos. Toca el mármol.
 
—Han despertado… finalmente —murmura con voz baja y quebrada.
 
En su mano lleva un antiguo libro encuadernado en cuero negro: La Danza del Velo. Sus páginas tiemblan como si respiraran.
 
Su nombre es Erlan, un guardián de objetos mágicos que los recupera y devuelve a su “forma original”.
 
ESCENA 3: DISCORDIA EN EL ÁTICO
 
Interior. Ático. Tarde.
 
Las figuras discuten por primera vez. Lía está cansada y quiere marcharse. Brisa siente un extraño desvanecimiento.
 
Sol se niega.
 
—Este mundo… este cuerpo… esta vida. No quiero volver a ser de porcelana. Aquí se siente todo: el frío, el calor, el viento… el amor.
 
Emilia entra sin ser vista y escucha la conversación. Se siente culpable. Ellas la ayudaron… pero ¿a qué precio?

 
ESCENA 4: EL CORAZÓN DE SOL
 
Interior. Escuela. Ensayo de Romeo y Julieta. Día.
 
Sol reemplaza a Emilia durante un ensayo. Nadie lo nota.  Su actuación es perfecta. Su belleza deslumbra. Max se enamora de ella.
 
Pero Sol no sonríe. Mira a Max y desvía la mirada. Cuando Emilia entra y la ve en el escenario, algo se quiebra en ella.
 
—¿También te enamoraste de este mundo, Sol?
 
Sol, entre lágrimas:
 
—No. Me enamoré de todo… excepto de mí misma antes de conocerte.

ESCENA 5: MOMENTOS DE APARIENCIA HUMANA
 
Interior. Escuela. Tarde, tras el ensayo.
 
La lluvia cae suavemente. El teatro escolar está desierto. Sol desciende del escenario, el brillo de la actuación aún en sus ojos. Max la espera a la salida del auditorio, con una sonrisa nerviosa.
 
MAX: (Sonriendo) Tu actuación fue excepcional. Nunca había visto a nadie moverse con tanta… naturalidad, como si el tiempo se detuviera para contemplarte.
 
SOL: (Sonrojada, desviando la mirada) Solo… imitaba lo que había visto en películas.
 
MAX: (Ríe levemente) Entonces deberíamos ver una juntos. ¿Qué te parece? Una película clásica, palomitas, un sofá cómodo.
 
Sol lo mira, sorprendida. Por un instante, sus ojos reflejan una nostalgia indescifrable, como si no comprendiera del todo sus emociones… pero anhelara sentirlas.
 
SOL: (Murmura) Me encantaría.
 
Ambos se alejan bajo un paraguas, caminando despacio, compartiendo risas susurradas. Max no sabe que ha invitado a salir a una muñeca de porcelana con un corazón de fuego.
 
ESCENA 6: EL ÁTICO DE LAS CONFESIONES
 
Interior. Ático. Noche.
 
Emilia, Brisa y Lía se sientan en el suelo, rodeadas de una cálida iluminación. Las cortinas se agitan con la suave brisa. Hay tazas de chocolate caliente, un intento culinario de Brisa (aunque la primera tanda resultó quemada).
 
LÍA: (Suspira) No sabía que el viento podía sentirse en la piel. Antes, solo… existía.
 
BRISA: (Cierra los ojos) Soñé anoche. Vi un campo lleno de flores azules. Corría… no como bailarina. Como una niña.
 
EMILIA: (Sonriendo con ternura) Es porque ahora tienen alma. O… algo parecido.
 
LÍA: (Tocándose el pecho) ¿Y si este mundo comienza a olvidarnos? ¿Si el hechizo se rompe?
 
EMILIA: (Seria, pero suave) Entonces yo recordaré por ustedes.
 
Las tres se abrazan. Un instante de calma antes de la tormenta.
 
Brisa, mirando la ventana, murmura:
 
—¿Y Sol? ¿Dónde estará ahora?
 
Escena 7: Emilia sospecha

Interior – Casa de Emilia – Ático

Brisa ha sentido algo. Dice que alguien ha cruzado un umbral invisible. Lía no puede dormir. Emilia, preocupada por Sol, empieza a sospechar que la magia tiene un precio.


Acto 3 – Escena 7: Reflejos y Presagios
 
Interior. Cine del centro. Noche.
 
Sol y Max caminan por el pasillo iluminado del cine. Él le sonríe, nervioso pero complacido. Ella, con un sencillo vestido prestado por Emilia, parece una figura etérea entre los humanos. Se sientan en la última fila, mientras las luces se apagan y la película comienza.
 
MAX: (Susurrando) Te ves… diferente hoy. No sé, como si vinieras de otro mundo.
 
Sol sonríe con dulzura, pero no responde. Observa la pantalla, fascinada. Es su primera experiencia cinematográfica. Sus ojos brillan con asombro.
 
Sin embargo, una sensación inquietante perturba el ambiente. En una butaca vacía, varias filas delante, se ve un sombrero oscuro. Nadie ha notado su aparición.

 
Interior. Ático de la casa de Emilia. Mismo momento.
 
Brisa juega con los lápices de colores de Emilia, intentando dibujar una mariposa. Lía observa por la ventana, pensativa.
 
LÍA: ¿No lo sienten? Como si alguien nos estuviera buscando… como si el mundo supiera que no deberíamos estar aquí.
 
BRISA: ¿Y qué si es así? A veces, romper las reglas es lo que te da vida.
 
EMILIA: (Golpeando sus manos con nerviosismo) Ustedes me han dado tanto… Pero algo me dice que el precio aún no se ha pagado.
 
En ese instante, una ráfaga de viento sacude el ático, a pesar de que las ventanas están cerradas. Un papel vuela desde un rincón y cae frente a ellas.
 
En él, dibujados con tinta negra, están sus rostros: Sol, Brisa y Lía, con una sola palabra escrita:
 
“Pertenecen.”
 
Las tres se miran, un escalofrío recorre el aire.

Interior. Ático de Emilia. Mismo momento.
 
Brisa sostiene el papel con los rostros dibujados. El trazo parece hecho a mano, pero cada línea posee una calidad… antigua y maliciosa.
 
BRISA: Esto no lo hizo un humano común.
 
EMILIA: ¿Quién podría haberlo hecho…?
 
LÍA: (Al borde del susurro) Erlan.
 
Brisa y Emilia se giran hacia Lía.
 
LÍA: No sé cómo lo sé, pero ese nombre me llega como una herida que no sana. Erlan. Un coleccionista. De almas. De magia. De lo que no debería existir.
 
EMILIA: ¿Está aquí por ustedes?
 
BRISA: Y si lo está… no se marchará sin algo.


ESCENA 8: EL PRIMER ATAQUE
 
Exterior. Calle cercana a la escuela. Noche.
 
Mientras Emilia y Lía regresan de comprar comida, una sombra las sigue: Erlan. Desde lejos, susurra en un idioma antiguo. Un polvo dorado emana de su libro y envuelve a Lía, quien cae de rodillas. Su piel comienza a endurecerse, volviendo a su estado de estatua.
 
Emilia la rescata justo a tiempo. Huyen a casa. En el ático, Brisa tiembla. La magia que las trajo está desvaneciéndose. Erlan las ha encontrado.

Escena 9: Emilia sospecha

Interior – Casa de Emilia – Ático

Brisa ha sentido algo. Dice que alguien ha cruzado un umbral invisible. Lía no puede dormir. Emilia, preocupada por Sol, empieza a sospechar que la magia tiene un precio.

 
ESCENA 10: LA HISTORIA REVELADA
 
Interior. Biblioteca del teatro. Medianoche.
 
Guiada por una visión de Brisa, Emilia encuentra una puerta secreta que conduce a una antigua biblioteca olvidada.
 
Descubre la verdadera historia: las figuras fueron creadas por una actriz solitaria, siglos atrás, quien anhelaba compañía eterna. Les dio forma con su propia magia, pero al morir, las selló como estatuas frente a su teatro. Un deseo inconcluso las mantenía dormidas… hasta que Emilia habló con ellas desde el corazón.

Acto 3 – Escena 11: El Susurro del Sombrero
 
Interior. Cine. Noche.
 
La película avanza, pero Sol ya no está concentrada. Algo en su interior se agita. Mira a Max, quien le sonríe, ajeno a la inquietud que la consume.
 
De repente, escucha un susurro. No proviene de la pantalla, sino de su oído.
 
VOZ (susurro grave): “Tú no perteneces aquí…”
 
Sol se tensa. Gira lentamente la cabeza hacia el pasillo y se encuentra con el hombre del sombrero oscuro, sentado dos filas adelante. No lo había notado antes. Su presencia es inquietante; el aire parece volverse más denso a su alrededor. No se mueve, pero parece percibir que ella lo está observando.
 
Sol se vuelve hacia Max, intentando disimular su inquietud.
 
SOL: (En voz baja) ¿Podemos salir un momento? Me siento… rara.
 
MAX: ¿Te pasa algo? ¿Estás bien?
 
Sol asiente, aunque su expresión revela lo contrario. Se levantan y salen al pasillo del cine. Sol toma una respiración profunda, como si el aire del mundo real volviera a llenar sus pulmones.
 
Pero al volver la mirada hacia la sala, el hombre del sombrero ha desaparecido.
 
Interior. Ático de Emilia. Mismo momento.
 
Brisa sostiene el papel con los rostros dibujados. El trazo parece hecho a mano, pero cada línea posee una calidad… antigua y maliciosa.
 
BRISA: Esto no lo hizo un humano común.
 
EMILIA: ¿Quién podría haberlo hecho…?

(Al borde del susurro) Erlan.

 Brisa y Emilia se giran hacia Lía.

 LÍA: No sé cómo lo sé, pero ese nombre me llega como una herida que no sana. Erlan. Un coleccionista. De almas. De magia. De lo que no debería existir.

 EMILIA: ¿Está aquí por ustedes?

 
BRISA: Y si lo está… no se marchará sin algo.

 

Exterior. Calle frente al cine. Minutos después.
 
Sol camina junto a Max. Él intenta animarla con una sonrisa.
 
MAX: Sol… ¿sabes? Me encantaría volver a verte. No solo por la obra. Me haces sentir como si el mundo no fuera tan aburrido.
 
Sol lo mira y, aunque sonríe, sus ojos reflejan una turbación, como si una sombra se hubiese posado sobre ellos.
 
SOL: Yo… también quiero eso. Pero hay cosas que no puedo contarte todavía.
 
Desde un callejón, una figura los observa. Su rostro es indescifrable. Solo se distingue un sombrero… y una presencia que hace helar la noche.

Acto 3 – Escena 12: La Decisión de Sol
 
Exterior. Calle cerca del cine. Noche.
 
Sol y Max caminan hacia la estación del tren. El silencio entre ellos es cómodo, pero de repente, Sol se detiene. Un estremecimiento la recorre. Algo la llama por su verdadero nombre, un nombre que había olvidado.
 
VOZ (interna, antigua, masculina): "Zariel…"
 
Sol gira rápidamente, pero no hay nadie. Max la observa, preocupado.
 
MAX: ¿Otra vez eso raro?
 
Sol respira hondo.
 
SOL: Max… Si no fuera como tú, si no fuera… humana, ¿seguirías queriendo pasar tiempo conmigo?
 
Max se queda serio, sin saber cómo responder.
 
MAX: No sé lo que eres, Sol. Pero me importas. Y eso es lo que cuenta.
 
Sol sonríe, pero su expresión se quiebra. El aire a su alrededor cambia; se enfría. Las luces de la calle parpadean. Max gira la cabeza. A unos metros, un hombre de abrigo oscuro y sombrero los espera en la esquina, en silencio.
 
ERLAN: (Alzando la voz, sin moverse) No deberías estar aquí.
 
SOL: (Dando un paso al frente) Tampoco tú.
 
MAX: ¿Quién es él?
 
Sol avanza con determinación. Hay algo diferente en ella, como si por un instante volviera a ser una figura de otro mundo.
 
SOL: Te lo advierto. No te acerques a ella ni a mis hermanas.
 
Erlan sonríe levemente.
 
ERLAN: Una advertencia… de una muñeca rota.
 
Max da un paso adelante, pero Sol lo detiene con el brazo. Sus ojos dorados brillan con una furia contenida.
 
SOL: No estoy rota. Estoy viva. Y no voy a permitir que las toques.
 
Erlan se da media vuelta, pero su voz resuena como un veneno en el aire.
 
ERLAN: Tú ya elegiste, Zariel. Y tu elección tiene un precio.
 
Desaparece en la sombra. Sol tiembla, y Max la sostiene con firmeza.
 
MAX: ¿Quién era ese tipo?
 
SOL: Alguien que viene de donde yo provengo… pero con intenciones muy diferentes.
 
 
 
Interior. Ático. Minutos después.
 
Emilia, Brisa y Lía sienten un cambio en la energía. Una vela se apaga de repente.
 
LÍA: Él está cerca. Ya no se oculta.
 
BRISA: Y Sol…
 
EMILIA: ¿Está en peligro?
 
BRISA: No. Pero está a punto de tomar una decisión. Y si se queda… pagará el precio con algo más que su libertad.


Acto 3 – Escena 13: La Grieta en la Amistad
 
Interior. Ático de Emilia. Noche.
 
Luz tenue. Emilia, Lía y Brisa están sentadas, riendo suavemente mientras recuerdan momentos de la escuela. Sol entra. Su mirada está distante, pensativa. Se acerca a Emilia y se sienta frente a ella.
 
SOL: Emilia… necesito decirte algo.
 
EMILIA: (Sonriendo, sin sospechar) ¿Sí?
 
Sol duda, luego habla con firmeza.
 
SOL: Fui al cine con Max. Esta tarde. Me invitó.
 
Emilia se queda inmóvil. Su sonrisa desaparece.
 
EMILIA: ¿Y…?
 
SOL: Me dijo que le gusta hablar conmigo. Que se siente… cómodo. Yo también me siento bien con él. Y creo que estoy empezando a sentir algo.
 
Emilia se levanta de golpe. Lía y Brisa la observan, tensas.
 
EMILIA: ¿Estás diciendo que te gusta Max?
 
SOL: (Suavemente) No lo planeé. Simplemente… sucedió. Pero sé que tú estás enamorada de él. Por eso te lo digo ahora.
 
Emilia retrocede. Algo en ella se quiebra.
 
EMILIA: ¿Sabías…? Desde el principio sabías lo que siento por él. Viniste a ayudarme, Sol. Viniste por mí… ¿Y así me pagas?
 
SOL: No fue mi intención hacerte daño, Emilia.
 
EMILIA: ¡Claro que sí! Quieres quedarte… quieres una vida aquí. ¡Y ahora quieres a Max! ¿Qué más vas a quitarme?
 
Sol intenta acercarse, pero Emilia se aleja.
 
SOL: No lo elegí… Pero por primera vez en mi existencia, siento cosas reales. No puedo ignorarlo.
 
EMILIA: Tal vez no tengas que ignorarlo… pero sí elegir. Porque si viniste a ayudarme y ahora te conviertes en alguien más, ¿quién eres entonces, Sol?
 
Silencio. Brisa y Lía se miran, indecisas sobre si intervenir.
 
SOL: (Al borde de las lágrimas) Soy alguien que quiere vivir. Pero no voy a competir contigo por Max. Solo quería ser honesta.
 
EMILIA: Gracias por tu honestidad… Pero eso no lo hace menos doloroso.
 
Emilia sale del ático, cerrando la puerta tras de sí. Sol permanece en el centro de la habitación, destrozada. Lía se acerca y le pone una mano en el hombro.
 
LÍA: El alma humana duele más de lo que pensábamos, ¿verdad?
 
Sol asiente en silencio.

 
Acto 3 – Escena 14: La Herida y la Sombra
 
Exterior. Calles del pueblo. Noche.
 
Emilia camina rápidamente por una calle oscura. La brisa nocturna le revuelve el cabello. Sus ojos están hinchados por el llanto. Su celular suena insistentemente, pero ella no contesta. Sigue avanzando sin rumbo, deseando desaparecer.
 
VOZ DE EMILIA (pensamiento): No entiendo por qué duele tanto. ¿No se suponía que venían a ayudarme? ¿Por qué me siento más sola ahora?
 
Se detiene en un parque silencioso y se sienta en un banco. Cierra los ojos y respira hondo, intentando encontrar un poco de calma.
 
Una figura elegante se acerca desde las sombras. Viste de negro, con un abrigo largo y guantes oscuros. Es Erlan, aunque Emilia aún no lo reconoce.
 
ERLAN: (Con un tono dulce, casi paternal) ¿Puedo sentarme?
 
EMILIA: (Sin mirarlo) Es un parque público. Haga lo que quiera.
 
Erlan se sienta a su lado y la observa con atención. Su tono es cálido y envolvente.
 
ERLAN: Es difícil confiar en quienes parecen perfectos, ¿verdad?
 
Emilia lo mira, sorprendida. Él sonríe con suavidad, como si conociera sus pensamientos más íntimos.
 
ERLAN: A veces, quienes dicen venir a ayudarte tienen sus propios deseos ocultos. Te entiendo.
 
EMILIA: ¿Usted me conoce?
 
ERLAN: Digamos que… sé lo que es sentirse traicionado. Abandonado por aquellos que prometieron estar a tu lado. También sé que tú escondes un poder muy especial.
 
Emilia frunce el ceño, confundida.
 
EMILIA: ¿Poder?
 
ERLAN: Tú las despertaste, ¿cierto? Las muñecas. Sol, Brisa, Lía… Tú les diste vida. Eso no ocurre por accidente.
 
(Una pausa, su voz se vuelve más íntima)
 
ERLAN: Y eso también te hace peligrosa... o poderosa, si aprendes a usarlo.
 
Emilia se queda en silencio, atrapada en la duda. Erlan se levanta, dejando una sensación de inquietud en el aire.
 
ERLAN: Cuando estés lista para comprender tu verdadero valor… ven a buscarme. Estaré donde terminan los sueños. Solo di mi nombre.
 
Él se aleja, perdiéndose en la neblina de la noche.
 
Emilia queda sola, y por primera vez, la palabra "poder" vibra en su interior con fuerza. Algo oscuro y nuevo se ha sembrado en su corazón.

 
Acto 3 – Escena 15: Ecos del Silencio
 
Interior. Casa de Emilia. Ático. Tarde.
 
Emilia entra a su casa en silencio. Las muñecas la esperan en el ático, ansiosas por su regreso. Su mirada está opaca, su sonrisa forzada. No menciona dónde estuvo y se encierra con ellas.
 
BRISA: Emilia… nos preocupaste. No contestaste los mensajes, no dormiste aquí anoche…
 
SOL: (Con esperanza) ¿Estás bien?
 
EMILIA: (Con voz apagada, sin mirarlas) Estoy cansada. Pero estaré lista para la obra.
 
LÍA: (Feliz, intentando aligerar el ambiente) ¡Quedan tres días! Necesitamos ensayar. Hoy te toca el monólogo de Julieta.
 
EMILIA: (Asiente lentamente) Lo haré.
 
Mientras las muñecas la ayudan a ensayar, su mirada se pierde en momentos de desconexión. Recita las líneas de Julieta, pero hay algo en su tono que ha cambiado: es más intenso, más oscuro, como si algo ardiera bajo la superficie.
 
 
 Interior. Habitación de Max. Noche.
 
Max está en su habitación, mirando su libreto de Romeo y Julieta, pero no puede concentrarse. Se levanta y comienza a caminar en círculos, hablando en voz alta, como si buscara orden en su mente.
 
MAX: Sol… Emilia…
 
(Suspira)
 
MAX: Sol es como un sueño que apareció de la nada. Pero Emilia... ella ha estado ahí, en silencio, escondida en sí misma. Y ahora que por fin iba a abrirse, algo la hizo desaparecer…
 
Recuerda el momento en que vio a Sol por primera vez, y luego, el día en que Emilia lloró al escapar del teatro.
 
MAX: (Murmura) ¿Y si... me estoy equivocando?
 
Mira su reflejo en el espejo.
 
MAX: (Sincero, a sí mismo) No quiero herir a nadie. Pero ya no sé quién me gusta… ni quién necesita que esté ahí.
 
 
 Interior. Ático. Continuación.
 
Emilia termina de recitar una escena. Las muñecas aplauden con entusiasmo.
 
BRISA: ¡Estuviste increíble! ¡Sentí cada palabra!
 
SOL: (Sonríe dulcemente, intentando reconectar con ella) Así es como se construye una estrella, Emi.
 
EMILIA: (Con la mirada fija, sin emoción) Gracias.
 
Sin embargo, detrás de esos ojos, algo se ha quebrado. Mientras las muñecas sonríen, Emilia ya no es la misma. Algo oscuro se está gestando en su interior, y Erlan lo sabe.


Acto 3 – Escena 16: La Última Escena
 
Interior. Teatro de la Preparatoria. Noche.
 
El gran telón rojo se alza lentamente. El teatro está repleto. Padres, estudiantes, profesores… y en la primera fila, Lía, Brisa y Sol, vestidas con elegancia sobrenatural, destacan entre la audiencia por su belleza etérea.
 
En una esquina del público, los padres de Emilia observan con orgullo, habiendo regresado para ser testigos del cumplimiento del sueño de su hija.
 
BRISA: (Susurrando emocionada) ¡Mírenla! Está radiante…
 
LÍA: (Con ternura, lágrimas en los ojos) Nuestra pequeña Julieta…
 
SOL: (Forzando una sonrisa) Sí… radiante.
 
 
 En el escenario, Max y Emilia comienzan la escena final. Ella, vestida de blanco, como Julieta. Él, como Romeo. La tensión en el aire es palpable. Nadie respira.
 
EMILIA (como Julieta): ¡Oh, copa fatal! Tus labios aún guardan veneno… Quizás un beso…
 
(Se acerca lentamente a Max)
 
MAX (como Romeo, susurrando fuera del personaje): Estás brillando, Julieta 
 
EMILIA (como Julieta, mirándolo con intensidad): Un beso… y yo también moriré…
 
Ella lo besa.
 
Silencio total.
 
Una ráfaga de energía sutil recorre el escenario, como si un suspiro escapara del alma de Emilia. Sus hombros se relajan, su rostro se ilumina de una forma nueva. Algo oscuro se libera, se rompe.
 
La audiencia estalla en aplausos.
 
 
 Entre el público, Sol observa el beso, no como parte de la obra, sino como una daga que le atraviesa el pecho. Se pone de pie en silencio, con una sonrisa temblorosa, y se aleja discretamente mientras todos aplauden de pie.
 
BRISA: ¿A dónde va…?
 
LÍA: (Viéndola irse, en voz baja) Sol…
 
 
 Tras bambalinas, Emilia y Max reciben flores y felicitaciones. Ella está confundida, como despertando de un largo sueño. Lo busca con la mirada.
 
EMILIA: (Susurrando a Max) ¿Qué fue eso…? Siento que… por fin soy yo.
 
MAX: (Sin dejar de mirarla) Lo eras desde siempre, Emilia.
 
 
 Mientras tanto, en un callejón detrás del teatro, Sol camina bajo la luz de la luna. Sus pasos se detienen. Una figura oscura emerge entre las sombras.
 
ERLAN (el coleccionista): Una decisión trae consecuencias, Sol.
 
Sol no se gira. Una lágrima cae silenciosamente.
 
SOL: Lo sé.
 

 Acto 3 – Escena 16: La Ausencia de Sol
 
Interior. Teatro de la Preparatoria. Minutos después del final de la obra.
 
Los aplausos aún resuenan. Emilia baja del escenario, el corazón latiéndole con fuerza, el eco del beso de Romeo y Julieta aún en sus labios. Su mirada recorre el teatro, buscando a sus amigas.
 
Entre la multitud, Lía y Brisa la esperan con los ojos brillantes. Ambas se ven emocionadas y orgullosas.
 
EMILIA: (Apresurándose hacia ellas, aún con el vestuario de Julieta) ¡Lía! ¡Brisa!
 
Las abraza con fuerza, las tres se envuelven en un abrazo cálido y sincero.
 
EMILIA: (Susurrando con la voz temblorosa) Lo logré… lo logré gracias a ustedes.
 
BRISA: (Con dulzura) Tú lo lograste, Emilia. Nosotras solo te acompañamos.
 
LÍA: (Su sonrisa es dulce, pero sus ojos reflejan preocupación) Emi… hay algo que debes saber.
 
Emilia se separa del abrazo, notando la expresión seria de Lía.
 
EMILIA: (Alarmada) ¿Qué pasa? ¿Dónde está Sol?
 
BRISA: (Seria) Salió del teatro apenas terminó la obra.
 
EMILIA: (Frunciendo el ceño) ¿Se fue? ¿Por qué?
 
Lía la mira, dudando antes de hablar.
 
LÍA: Sol vio el beso entre tú y Max. Y… simplemente se fue.
 
Emilia retrocede un paso. La emoción del escenario se disipa, reemplazada por un nudo en el pecho.
 
EMILIA: (Dándose vuelta, como si buscara a Sol entre la multitud) No… no puede haberlo malinterpretado así. Sol sabía… ¡ella sabía lo que Max significaba para mí!
 
BRISA: (Seria, con tristeza) Pero tú también sabías lo que Sol empezaba a sentir. Emilia, ella eligió ayudarte… pero en el proceso, también empezó a desear lo imposible.
 
Emilia cierra los ojos un momento. El recuerdo de las palabras de Sol en el ático, en el cine, el brillo en sus ojos, vuelven como una tormenta.
 
EMILIA: (En voz baja) Cometí un error…

 
Acto 3 – Escena 17: El Precio de Querer Quedarse
 
Parte 1: Emilia Sale a Buscar a Sol
 
Exterior. Calles de la ciudad. Noche.
 
La noche está húmeda y fría. Emilia corre por la vereda con el maquillaje aún en el rostro, el vestido de Julieta ondeando con cada paso. Su corazón late con fuerza, no por la obra… sino por la ausencia de Sol.
 
EMILIA: (Gritando mientras camina, buscando entre la oscuridad) ¡Sol! ¡Por favor, dónde estás! ¡No me dejes así!
 
La ciudad parece más silenciosa que nunca. Las farolas parpadean. Emilia se detiene en seco frente al jardín del teatro, donde todo comenzó.
 
EMILIA: (En voz baja) Sol… ¿por qué no me esperaste?
 
 
 
Parte 2: Sol y Erlan
 
Exterior. Afueras del teatro antiguo. Noche.
 
Sol camina sola, sin rumbo claro. Su vestido brilla bajo la luz de la luna; su expresión es melancólica… rota. Entonces, una voz suave pero perturbadora surge desde la oscuridad.
 
ERLAN: (Saliendo de las sombras, con una leve reverencia) Estás muy lejos del escenario, mi querida bailarina.
 
Sol se detiene en seco. Su cuerpo se tensa.
 
SOL: (Con los ojos fríos) Erlan…
 
ERLAN: (Acercándose, con una sonrisa torcida) Te ves… tan humana esta noche. Como si realmente creyeras que perteneces aquí.
 
SOL: (Defensiva) Yo no te tengo miedo.
 
ERLAN: (Clavando la mirada en ella) Pero deberías. Has desobedecido el destino que te dio forma. Ese beso… rompió el equilibrio.
 
SOL: (Alzando la voz) ¡No fue el beso! ¡Fue mi elección! Yo decidí quedarme… yo decidí sentir.
 
ERLAN: (Interrumpiéndola, ahora serio) Y esa decisión tiene consecuencias. El mundo no tolera que lo que fue creado para observar… se atreva a vivir.
 
Sol da un paso atrás. El aire se vuelve más denso.
 
ERLAN: (Extendiendo la mano) Ven conmigo, Sol. No tienes que sufrir. Volverás a ser la obra perfecta que fuiste. Eternamente hermosa… eternamente quieta.
 
SOL: (Mirándolo con lágrimas en los ojos) Prefiero romperme… antes que volver a ser una estatua de porcelana.
 
 
 
Parte 3: Emilia Siente el Llamado
 
En el jardín, Emilia cae de rodillas, abrazando sus propios brazos. Cierra los ojos, y una ráfaga de viento la golpea. Algo en el aire… cambia.
 
EMILIA: (En susurro) Sol… estás en peligro.
 
Se pone de pie, decidida. Sus ojos brillan con algo nuevo: valentía.

Acto 3 – Escena 18: Entre Sombras y Decisión
 
Exterior. Afueras del teatro antiguo. Noche.
 
Sol retrocede un paso más. Erlan avanza, su silueta alargada como una sombra que devora la luz. Sol se tambalea; su esencia, su magia, empieza a vibrar como si el hechizo que la sostenía estuviera cediendo.
 
ERLAN: (Susurrando, con una voz que retumba) Tú no perteneces aquí. Y lo sabes… estás rompiendo el equilibrio.
 
SOL: (Tomándose el pecho, su voz se quiebra) No quiero regresar… No quiero ser solo una estatua… Yo quiero vivir. Yo quiero sentir.
 
Erlan extiende la mano. De su palma brota una especie de niebla oscura que comienza a rodear a Sol, quien cae de rodillas, jadeando.
 
SOL: (Gritando) ¡Emilia!
 
Justo en ese instante, una voz potente rompe la noche.
 
EMILIA: (Entrando en escena, decidida) ¡Suéltala, Erlan!
 
Erlan se gira. Sus ojos brillan como carbones encendidos. Emilia avanza con paso firme. Detrás de ella, una luz blanca comienza a emanar, tenue pero constante.
 
ERLAN: (Mirando con burla) ¿Y tú qué puedes hacer, niña? Apenas puedes sostener tu propio corazón roto.
 
EMILIA: (Temblando, pero firme) Puede que esté rota… pero eso no me hace débil. ¡Ella me salvó cuando nadie lo hizo! Y ahora es mi turno.
 
Emilia corre hacia Sol, atraviesa la niebla oscura, que parece quemarla, pero no se detiene. Toma la mano de Sol.
 
EMILIA: (Con lágrimas) Perdóname… por no entender antes.
 
SOL: (Susurrando) No… soy yo quien lo siente…
 
En ese instante, una luz cálida explota desde donde están unidas. Erlan se cubre el rostro, retrocediendo. Su sombra se disuelve como humo.
 
ERLAN: (Gritando, furioso) ¡Esto no termina aquí!
 
Y desaparece entre las sombras, como si nunca hubiera estado allí.
 
El silencio se instala. Sol cae en brazos de Emilia, exhausta pero a salvo. Ambas lloran.
 
SOL: (Con voz débil) No puedo evitar lo que siento… pero nunca quise herirte.
 
EMILIA: (Abrazándola) Lo sé. Y no voy a dejar que te arrebaten lo que descubriste… ni a ti, ni a Lía, ni a Brisa.
 

Epílogo – El Último Acto
 
Exterior. Jardín del teatro. Noche estrellada.
 
Después de la función, el teatro queda en silencio. Emilia camina por el jardín, donde las flores parecen brillar bajo la luz de la luna. Allí están Sol, Lía y Brisa, esperándola junto a la fuente. Llevan sus vestidos originales, hermosos, etéreos.
 
EMILIA: (Sorprendida y nerviosa) ¿Van a… irse?
 
SOL: (Dulce, pero decidida) No fuimos hechas para vivir en este mundo, Emilia. Aquí todo cambia… y nosotras no debemos cambiar más.
 
LÍA: (Tomando su mano) Si alguien más nos descubre, podría ser peligroso. Para ti, para nosotras.
 
BRISA: (Sonriendo con lágrimas en los ojos) Fuimos felices contigo. Vinimos para ayudarte… y ahora tú ya puedes volar sola.
 
Emilia las abraza con fuerza. Sol la mira a los ojos una última vez.
 
SOL: Nunca olvides que fuiste tú quien nos hizo reales.
 
Las tres caminan juntas hasta la base de la fuente. Una brisa mágica las envuelve. La porcelana comienza a cubrir sus cuerpos suavemente, como una caricia de cristal. Vuelven a ser estatuas… hermosas y serenas, como si estuvieran dormidas.
 
Emilia cae de rodillas, llorando, pero en paz.
 
 
 
Escena Final – Voz en Off
 
Interior. Teatro, meses después.
 
Emilia está actuando de nuevo. Max la observa desde la primera fila. Ella brilla en el escenario, su presencia llena de vida y autenticidad.
 
VOZ DE EMILIA (off): A veces, las cosas más mágicas solo ocurren una vez. Pero si las recuerdas con el corazón… nunca se van del todo.
 
Corte al jardín: las tres muñecas están allí, en silencio, inmóviles… pero si uno mira de cerca, casi parece que están sonriendo.
 
FIN.

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